noviembre 19, 2019

Una obra de intriga

Una obra de intriga

Núm. 288 ACHTERAUGUSTZWEITAUSENUNDZWEI de Ugo Rondinone

Por: Axel Uriel Castro Martínez

Ya había visitado unas cuantas veces antes el Museo de Júmex en la ciudad de México. Y no es que sea una persona que se dedica a la crítica o la reseña artística, ni nada similar. Tengo una simple pasión y gusto por el arte en todas sus formas, aunque claro, prefiero algunas más que otras. Sin embargo, nada me tenía preparado para lo que vería el fin de semana. Después de rondar algunas de las salas, me topé con una obra que me desconcertó. Su composición era extraña, su forma ilógica.

Esta obra, en definitiva, llamó mi atención. Es, siendo sincero, diferente a lo que uno como espectador está acostumbrado a ver cuando va a una exposición de arte. Sé lo que usted, el lector, puede llegar a pensar; “Oh, sí, tienes razón, pero hay cosas aún más raras, como el popular arte performance”, y estoy completamente de acuerdo. Sin embargo, la verdadera rareza de esta obra resalta debido al contexto.

En las entrañas caóticas de los trazos de la obra, se puede identificar, aunque tenue, la forma de un árbol cubierto en sombra en medio de un bosque, en el que muchos otros árboles similares se alzan alrededor, creando un sentimiento de aislamiento; mientras tanto, la vegetación se encuentra por todos lados de la composición, y añade un ruido visual inmenso. Con los contrastes negros, la silueta del árbol principal resalta aún más en el centro de la composición, con raíces chuecas y torcidas que parecen estar moviéndose como si una mano retorcida lentamente se moviera en dirección hacia el espectador, invitando a entrar a la obra y descubrir qué hay ahí.

Entre la textura del árbol, parece ser que caras y cuerpos deformes con expresiones dolorosas nos llaman desde dentro, como si se encontraran pidiendo ayuda y de nuevo, invitándonos a entrar y conformar parte de lo que sucede dentro del lienzo. Todo esto combinado es la fórmula perfecta para una historia de horror, al mero estilo del cine clásico. Sin embargo; increíblemente estas ideas plasmadas ya en el lienzo resultan ser de lo más atractivas.

Este cuadro tiene la capacidad impresionante de inmergir al espectador en la atractividad de su composición, hipnotizante con cada trazo, seductora y admirable en todo sentido. Un cuadro único en su especie, definitivamente, y que se ha vuelto un favorito personal mío, que guardaré profundamente en mis recuerdos y experiencias como artista.

El título es de por sí bastante extraño en su naturaleza, se encuentra escrito en alemán, y parece imponente ante aquellos que no sepan como pronunciarlo. Irónicamente, este se traduce directamente a una simple fecha, la cual a pesar de no estar escrita en la forma gramaticalmente correcta de su lenguaje madre, es fácil de entender: Ocho de Agosto del 2002; que posiblemente hace referencia a la fecha original de su terminación. Esta información también nos da a entender que probablemente el autor no lo considera un producto final o terminado, pues no se tomó la molestia de ponerle un nombre apropiado a su creación, o simplemente no era lo suficientemente importante para tomarse el tiempo de hacerlo. Esto a su vez, añade a la naturaleza incomprensible y misteriosa del cuadro.

¿Qué podrá significar? ¿Habrá una historia extraña detrás de éste?

Fue elaborada por Ugo Rondinone, quien es conocido por sus excéntricas obras e instalaciones coloridas, llenas de sentimientos seductores y una muy amplia gama de tonos y matices. Sin embargo, esta obra es completamente en blanco y negro, con una composición sumamente confusa y que resulta complicada, saturada y de una forma, puede parecer visualmente absurda.

Con todas estas preguntas en mi mente, no puedo evitar creer que, para mí, la parte más exaltante y emocionante es la representación visual que Rondinone nos presenta tan indiscriminadamente. Este extraño producto, que en mi mente por accidente tiendo a llamar más un “boceto”, es difícil de analizar, verdaderamente incomprensible.

O, eso puede hacernos creer a primera instancia. Como todo en la vida, hay un proceso que sucede detrás de cámara, una relación íntima entre el autor y su obra. Y hay una forma de darle sentido a esta misma relación, que solo podremos descubrir si dejamos de preocuparnos tanto de las formalidades, y comenzamos a analizar el cuadro más de cerca sin miedo a equivocarnos. Y es así, como me gustaría continuar esta reseña, en la que espero poder compartir mis opiniones con usted, estimado lector, y desentrañar el enigma que se esconde detrás del objeto de crítica de este.

Empecemos pues, con los datos más técnicos de la obra. Se compone de tinta sobre un papel de dimensiones enormes, con 2 metros de alto y 3 de largo. Evoca sentimientos extraños y nuevos, como nunca ha visto uno antes. Cada que la contemplo, lo primero que me viene a la mente es: ¿cuánta tinta debió de usar para este “boceto”?

Es aquí donde ésta pieza brilla, pues a pesar de los puntos negativos que mencioné antes, la naturaleza compleja de la composición funciona como mecanismo de atracción visual hacia el ojo del espectador. Aunque parezca complicada y saturada al inicio, una vez que el espectador se toma el tiempo de mirar la obra con detenimiento y visualiza cada detalle con profundidad, puede darse cuenta de que esa misma naturaleza caótica de la que hablo, es completamente a propósito.

El vívido blanco del papel choca perfectamente con el saturado y sucio negro de la tinta, creando un armónico contraste que permite al ojo respirar, mientras añade sigilosamente más y más detalles inesperados. La obra tiene una calidad compositiva excepcional, que debe ser admirada detenidamente para poder apreciarse al máximo.

Para mí Núm. 288 es una obra que ha roto esquemas y prejuicios que afectaban mis estándares personales del arte tradicional contemporáneo. Como muchas otras piezas, Núm. 288 es de una de enorme rareza, que a simple vista parece ser lo contrario a lo que la mayoría de las personas reconocen como arte. Pero es precisamente por esto que el cuadro tiene un atractivo y esplendor inigualables, pues al no seguir las tendencias convencionales, puede fácilmente resaltar y separarse del resto de pinturas e instalaciones que lo rodean, para hacer que el espectador se centre específicamente en él. De una manera divertida, es casi hipnótico.

         

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