mayo 29, 2020

Mi solidaridad con Oaxaca; No hay peor tragedia que saber lo que es correcto y no hacerlo: Nelson Mandela

Mi solidaridad con Oaxaca; No hay peor tragedia que saber lo que es correcto y no hacerlo: Nelson Mandela

Por José Óscar Valdés Ramírez
Oaxaca de Juárez (del náhuatl Huāxyacac , «en la punta del huaje») es una ciudad mexicana, Patrimonio de la Humanidad según la UNESCO.
Fue fundada por un destacamento de guerreros aztecas, enviados por el octavo tlatoani, el emperador Ahuízotl, hacia el año 1486. En 1532, por cédula real, recibió del rey Carlos I de España el título de «Muy noble y leal ciudad», llamándose primeramente Antequera, nombre que en 1821 fue sustituido por el de Oaxaca.
Mi solidaridad con Juchitán, Oaxaca; que nos ha regalado todo, desde historia nacional, hasta gastronomía y folklore con la Guelaguetza; pueblo piadoso y bendecido por Nuestra Señora Inmaculada de Juquila.
Oaxaca nos regaló a Benito Juárez, Margarita Maza, Valerio Trujano, Antonio de León y Loyola, a Don Porfirio Diaz, Don Jose Vasconcelos, Matías Romero; a los hermanos Flores Magón, Ricardo, Enrique y Jesús; Ignacio Mariscal, Jesús Guzmán Rubio, Andrés Henestrosa, Carlos Velasco Pérez, Adolfo Guzmán Arenas, Natalia Toledo Paz en la pintura a Miguel Cabrera, a Rufino Tamayo, Rodolfo Morales y a Francisco Toledo.
En la música por citar a algunos: Macedonio Alcalá compositor del himno oaxaqueño ‘Dios nunca muere’, de Máximo Ramón Ortiz cantante y creador de ‘La Sandunga’; a Jose López Alavés creador de la canción Mixteca; a Jesús Rasgado, Álvaro Carrillo, Lila Downs y Susana Harp; entre otros que sería una lista interminable.
Oaxaca en la Guelaguetza de 7 regiones, nos llegan las noticias del aguerrido magisterio, de sus rufianes gobernadores, que sólo se han dedicado a saquear uno de los estados más pobres de la República Mexicana; a los denigrantes gobernantes que ni en tinta merecen ser mencionados; a la tierra de la Antequera y el Mezcal.
Hoy las noticias no son gratas la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza está devastada, Juchitán es receptora de la rica tradición cultural zapoteca.
Las típicas fiestas tradicionales, llamadas «velas» y los sones istmeños, como «Un son para Alfa Ríos» del afamado escritor Andrés Henestrosa.
Así como cuna de unos los primeros movimientos populares exitosos de oposición al régimen político mexicano, la Coalición Obrera Campesina Estudiantil del Istmo de Tehuantepec (COCEI), del activista Leopoldo de Gyves Pineda.
Hoy la ciudad está en ruinas, Juchitán es un pueblo religioso que cobró venganza en su momento con el hombre que arrasó su pueblo y se enzañó con su santo patrono de madera del pueblo Juchiteco.
Su nombre era El Chato Félix Díaz Mori hermano de don Porfirio Díaz.
El Chato era un hombre que llevaba la guerra tatuada en el alma y su asesinato fue una tragedia fue cortado en pedazos y su cabeza fue desprendida; así es el pueblo de Juchitán.
También en esa región zapoteca del istmo de Tehuantepec, existen los Mushes; se denomina muxe (‘mushe’) al género que define a una persona nacida con sexo genital masculino que asume roles femeninos en cualquiera de los ámbitos social, sexual y/o personal.
Se cree que el término muxe viene de la palabra española mujer, una derivación fonética que los zapotecas empezaron a usar en el siglo XVI.
Desde la época precolombina, los zapotecas consideraban a las muxes parte de un tercer sexo; no mejor o peor que los hombres y mujeres, simplemente diferentes.
Algunas muxes formaban parejas monógamas con hombres y se casaban, otras vivían en grupos y otras se casaban con mujeres y tenían hijos.
Cabe notar que el núcleo de la cultura zapoteca es la unidad familiar, organizada en un sistema similar al matriarcado y consideran una bendición que tengan un hijo ‘Mushe’, pues cuidará de la familia y de los padres en la vejez.
Hoy esa región nos necesita, donando lo que podamos en los centros de acopio, los mexicanos no necesitamos del gobierno para demostrar nuestra grandeza y solidaridad; lo demostramos en los sismos del ’85, la ciudanía rebasó al gobierno que exhibo su tardía y tibia respuesta.
Oaxaca vive una tragedia, nos toca a nosotros ayudar a restaurar Oaxaca y restaurar nuestro país, Oaxaca nos legó ‘el tequio’.
En México se conoce como tequio a la faena o trabajo colectivo que todo vecino de un pueblo debe a su comunidad.
Es una costumbre prehispánica que con diversos matices continúa arraigada en varias zonas de este país; ojalá nos permita ‘el tequio’ restaurar Oaxaca y restaurar México.
Oaxaca la tierra de los que emigran a New York -lugar donde está la comunidad más grande de gente de Oaxaca- inmortalizados en el vals que han adoptado los Oaxaqueños como el himno de su estado «Dios nunca Muere» del compositor y violinista Oaxaqueño Macedonio Alcalá Prieto que lo creó en 1868.
«Dios Nunca Muere» en él se refleja el dolor del pueblo oaxaqueño, obligado a migrar a otras tierras en busca de mejores oportunidades; les comparto esta estrofa:

Muere el sol en los montes

Con la luz que agoniza

Pues la vida en su prisa

Nos conduce a morir

         

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