abril 21, 2018

Roma no perdona a los que huyen; EPN ante al estigma de Claudio: El tonto que llegó a ser emperador

Roma no perdona a los que huyen; EPN ante al estigma de Claudio: El tonto que llegó a ser emperador

 

Por: José Oscar Valdez Ramírez

Tras el magnicidio de Calígula, Claudio fue elegido inesperadamente emperador por los centuriones. A pesar de su fama de tonto, Claudio sigue siendo un personaje enigmático. No había nacido en Roma, sino en la ciudad gala de Lugdunum (la actual ciudad de Lyon) en el año 10 antes de Cristo. Pierre Grimal lo consideraba como un auténtico Jano, un personaje con dos caras.

No parece que sus evidentes defectos físicos (quizá poliomielitis o esclerosis múltiple) y su tartamudez lo convirtieran en un individuo también mermado en sus capacidades intelectuales, muy al contrario, tras esas evidentes cortapisas físicas se escondía un hombre inteligente, tanto que hasta fue capaz de sobrevivir a su sobrino, el sanguinario Calígula.

En cualquier caso, es esta ambigüedad la que ha convertido a Claudio en un personaje tan atractivo tanto para los historiadores antiguos, como Suetonio o Dion Casio; Claudio estaba en su apogeo, en su esplendor ante el circo romano se presentaban dos gladiadores se miran fijamente mientras trazan lentos círculos en la arena.

El campeón, un dimachaerus, va armado con dos gladius, las espadas rectas características del ejército romano, su rival, en cambio, va equipado como un hoplomachus, con un pequeño escudo redondo y una espada corta; se estudian durante largo rato antes de comenzar el intercambio de golpes.

Claudio había anticipado que la victoria sería rápida, pero sus expectativas se están viendo defraudadas; aunque su legión lleva ventaja, no acaba de imponerse a la formación enemiga. Claudio se empieza a arrepentir de no haberse centrado más en entrenar a la legión, de no haberse dirigido a sus hombres para alimentar su moral, pero ahora ya es tarde para preocuparse por eso.

Especialmente cuando ve aparecer a los refuerzos enemigos, que van relevando a la primera línea del ejército rival; Claudio se desgañita gritando a sus soldados, ordenándoles que acaben con el enemigo por el honor de Roma, cuando ve a uno de sus soldados, con una herida en el brazo que le impide sujetar la espada, moverse entre las líneas hacia la retaguardia, se acerca hasta él y le decapita de un golpe de su espada.

“¡La cobardía no será tolerada en el ejército romano! ¡La huída se paga con la muerte!”, grita, intentando infundir en los corazones de sus hombres más miedo del que les inspira el enemigo, un fato duro, una ironía, Claudio fue rescatado después de la derrota, se ocultó trepando a un árbol, ganó sus batallas por los refuerzos y por su alianza con los centuriones que eran los que lo nombraron.

Murió envenenado por Locusta (una esclava de la Antigua Roma que actuó como envenenadora de confianza a los servicios de Agripina, envenenando a Claudio, y de Nerón, envenenando a Británico; está considerada como uno de los más antiguos asesinos en serie de los que se tiene constancia, su nombre significa ‘langosta’ en latín.

Claudio observa que, en el coliseo romano, que en vez de acabar con su rival cuando es más vulnerable, el gladiador se pasea cerca de las gradas, recibiendo los ánimos y alabanzas del público, levantando los brazos para incitarles a ovacionarle más y más.

Quizá, piensa Claudio, hay algo de la mentalidad romana en esa actitud, algo del orgullo romano, sin embargo, la mentalidad romana se define aún más por algo más importante, en opinión de Claudio: el pragmatismo.

No importa cuán orgulloso pueda ser, un auténtico romano acaba con su oponente en cuanto tiene ocasión, puede dejarle con vida para permitirse infringirle mayores humillaciones posteriormente, claro, pero jamás le dejará una posibilidad de contraatacar, ante todo, el romano es un hombre práctico.

En aquel momento ocurre algo inesperado, el aspirante lanza su espada y su escudo al suelo y echa a correr; Claudio observa como la sangre emana del cuerpo del gladiador caído, da la orden, baja el pulgar y da su veredicto ordena la muerte del gladiador que huye…  ¡Roma no perdona a los que huyen!

La relación con Donald Trump fue desde el principio una crónica de un pésimo manejo, el haberlo traído cuando era candidato lo marcó, el haberlo recibido como Jefe de Estado fue una puntada más del hoy aprendiz y jefe del país -Luis Videgaray-, Enrique Peña Nieto es un títere, ¿pero haberle apostado al yerno de Trump la relación de un país? ¡Es no tener madre!

El yerno no tiene el peso necesario para influir en su suegro, el Presidente de los Estados Unidos, al más puro estilo del PRI, donde la amistad define un negocio en el país estadounidense… no es así, empuja pero no define la relación, mucho menos en una escala de negocios entre países, esa es una barbaridad.

El desgaste de Peña Nieto es terrible, en el ocaso de su administración no queda nada de sus logros, sus reformas estructurales acabaron sepultadas en la corrupción y  la impunidad, y con Donald John Trump llega una respuesta al final de su administración donde ya no tiene ni credibilidad ni fuerza, esto debió ser empezando, no terminando.

El daño ya está hecho, Trump le dio hasta con la cubeta, maltrató a los connacionales ante la impasividad del Presidente y el autismo de Videgaray; no escucharon lo que propusimos con Eddie Varón Levy, el demandarlos por los cuotas del Seguro Social y el intercambio de connacionales, pero como no lo proponen ellos… no sirve, se hicieron de la vista gorda con una estrategia que es ya una conducta penal terrible en esta administración… ¡la omisión!

Donald Trump sabe dónde pegar, de corruptos no baja a los mexicanos y Enrique Peña no responde, ahora ya es demasiado tarde; la sumisión a un hombre débil es disciplina, la sumisión a un hombre fuerte es sólo servilismo, sin moral, un lacayo antipatriota, que después de agacharse quiere gritar.

El Presidente de EE.UU. ha vulnerado la dignidad del pueblo de México, debió haber demandado la propuesta que le hicimos del tema que domina Varón Levy, de entrada él sí habla inglés, no como la mayoría del gabinete que a duras penas hablan español, eso sí para transas son poliglotas; ahí está Rosario Robles que con todos los colores donde ha estado falta dinero.

La estrategia de Peña con Trump se llama ‘el yerno’ -amigo de Videgaray- así de fácil, nuestra propuesta es la ley y la defensa del dinero de los migrantes que se los transan los americanos y no les quieren reclamar nada, así el mandatario de mexicano acaba su sexenio entre un Presidente que nunca lo respetó, ante el cual agachó la cabeza cuando debió levantar la voz, el calificativo de su administración el mismo lo dijo: “Joder a México”, y lo hace al pie de la letra sin duda alguna.

El pueblo de México es heroico; Roma no perdona… ¡a los que huyen!

         

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