noviembre 15, 2018

Este pequeño mundo repleto de nada

Este pequeño mundo repleto de nada

dibujo Ramón Alberto

 

Karen Rosas

“El cielo está llorando”

Estoy caminando en la tierra desolada. Ya no hay rastro de la humanidad, sólo hay ruinas de lo que alguna vez fueron ciudades, recuerdos lejanos de la felicidad que alguna vez abundó en este mundo, el sonido del viento es lo único que toca mis oídos, todo está vestido con polvo y adornado de telarañas. Los esqueletos son lo más cercano que he visto a un humano. No hay ninguna señal de vida.

Estoy cansada, mis piernas ya no pueden avanzar. Me tiro al piso, derrotada. Hoy no encontré comida, creo que se extinguieron todos los animales. Y acabo de tomar las últimas gotas de agua que me quedaban.

El cielo se ha oscurecido, al igual que todo el lugar, sin embargo, las estrellas aparecen brillando con esplendor junto con la luna, para tratar de alejar la penumbra. He visto varias veces este cielo, después de un largo día, después de perder la esperanza, el cielo nocturno me cubre con su manto suave y tierno, y me muestra su mejor espectáculo, susurrándome al oído: “no te rindas”.

¡Espera! Va a empezar a llover, lo sé porque huele a desperdicios. Necesito encontrar un lugar urgentemente, para cubrirme de la lluvia. A lo lejos veo un auto revestido completamente con polvo y tierra -espero que esté abierto-, me digo a mí misma mientras camino hacia él.

Para mi suerte, lo ésta, entro directo en la parte de los pasajeros. No pasa mucho tiempo, cuando de repente escucho las gotas tocar el suelo una tras otra, parece que la lluvia durará toda la noche. Veo por la ventana cómo llora el cielo, es lo que pienso cuando llueve, que “el cielo está llorando”, pero ahora lo está haciendo seguramente porque le duele ver al mundo de esta manera, sus heridas son profundas y ardientes. A mí también me duele ver en lo que acabó. Desde aquel día la lluvia ha sido negra. Es como si el firmamento desbocara en lamentos fúnebres.

Antes me encantaba ir con mi hermanito al parque y saltar en los charcos. Pero, ahora es solo un bonito recuerdo. El cielo está llorando lágrimas de color negro, sin embargo, hay algo que no ha cambiado. La música que emerge de las gotas aterrizando en la tierra, me arrulla hasta quedarme dormida, al igual a cuando mi mamá nos cantaba.

         

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