marzo 19, 2019

El cielo del infierno

El cielo del infierno

Historia de José Manuel Carmona Palmas. Dibujo: José Manuel Carmona Palmas, con la colaboración de César Antonio Martínez de Sena.

Dos semanas han pasado, el trabajo es duro, Amadeo únicamente llega a casa a recostarse muerto del cansancio pone su canción favorita titulada “Interstellar Overdrive” el autor de esta pista es considerado el padre del Rock Psicodélico.

“La vida de alguien como Syd Barrett era muy diversa, las drogas eran parte del recorrido, lo vital es no quedarse en esa parte”

-José M.C.P.-

A raíz de que no surgían nuevas ideas, Amadeo estaba tan impaciente e inconforme con su vida que no le quedó más remedio que probar psicotrópicos para “alterar” su vista y tener más “imaginación”, lo que tal vez no sabía, es que además de que se alteraría su visión, también pasaría lo mismo con la realidad y comenzaría a deformar su razonamiento.

En el trabajo, Amadeo tenía un compañero llamado Álvaro, que era propenso a fumar marihuana, claro, éste no tenía ningún tipo de responsabilidades como sostener a una familia o algo parecido, él trabajaba para sí mismo, solía fumar marihuana los fines de semana, lo veía como una recompensa al final de una dura semana trabajando, según él es: “ser responsable irresponsablemente”, este tipo de pensamientos fueron los que impulsaron aún más a Amadeo a probar la marihuana. Así que la decisión fue fácil, Álvaro comenzó a contactar a sus amigos para conseguir marihuana para Amadeo, ese mismo día la fumó y comenzó a experimentar “el viaje”.

La primera precepción de esta experiencia es divina y a su vez muy letal.

“Orgasmo sensorial, divino placer, bello destructor, medicina del alma,

tu corazón bombea velozmente,

el paladar está desierto,

la llegada de la muerte asecha tu cabeza.

Mientras tanto, mil susurros dicen lo que ya eres,

vibraciones infinitas sensibilizan tus sentidos,

la vista cae en un eterno vacío,

¿ésto es real?

Aquí no hay pregunta, sino una respuesta,

pues lo hare de nuevo…”

Tan sólo 18 años tenía aquel malaventurado, cuando ya comenzaba a engancharse a esta droga. Amadeo llevaba sus materiales de pintura a su trabajo, no quería fumar en su casa, en el trabajo de Amadeo la mayor parte del tiempo era el encargado de asegurarse que todos cumplieran con su deber, sin embargo, Amadeo se aprovechó de ésto para poder fumar y tratar de pintar algo nuevo, dejando poco a poco atrás sus responsabilidades en el trabajo. Fue así como empezaron a oírse rumores de que Amadeo deambulaba por todo su lugar de trabajo inutilizado consecuentemente el consumo de una droga.

Los compañeros de Amadeo comenzaban a notar que fumaba una dosis ligeramente grande al día, gracias a esto decidieron informar lo antes posible a sus familiares, debido a que Amadeo ya no se dedicaba a trabajar, sino a fumar y caminar por todo el lugar “buscando algo que pintar” –según él-, ese mismo día, Amadeo después de fumar cerca de un cuarto de gramo de marihuana, encontró un muro de adobe muy viejo y maltratado.

Su madre, acompañada por dos compañeros de Amadeo, comenzó a buscarlo empezando por el trabajo, donde por supuesto, no se encontraba, y aproximadamente tres horas después, en un lugar muy alejdo del pueblo, lo encontraron. Tal como lo decían, Amadeo estaba tumbado en una zanja que estaba en un llano vacío cerca de su trabajo, su ropa estaba llena de aerosol de colores, mugre y tierra, él podía levantarse, pero en vez de eso sólo reía como un desquiciado. A un costado de Amadeo, un muro con aspecto sucio y deforme estaba totalmente empapado de pintura.

Su madre y compañeros, devastados por éste acontecimiento atroz, tuvieron que someterlo a la fuerza para poder llevarlo de vuelta a casa. Suficientes problemas tenía ya la familia como para agregar a la lista una desdicha proveniente de alguien que jamás en su vida había errado de esa manera.

Pasadas 24 horas, el efecto por fin había desaparecido, todos en su casa hicieron una sola voz para hablar con él. El auditorio era vasto, todos tomaron su lugar, Amadeo en el centro, acorralado por el contacto visual, con la cabeza abajo. La primera pregunta era obvia: ¿Por qué?

A lo que él respondía:

-Solo quería volver a pintar como antes lo hacía.

Se creó un profundo silencio, ninguno de los presentes se atrevió a contestar a lo que Amadeo acababa de decir. La tensión dominaba el momento, poco después sus padres comenzaron con el sermón de lo bueno y lo malo, Amadeo entendía perfectamente en qué consistía, su madre se preguntaba si se trataba de ignorancia, desobediencia o un simple placer que cayó en el exceso.

Al final de la conversación, su madre le dio un abrazo con lágrimas a punto de ser derramadas, con una grieta en el rostro, rogándole que nunca más en su vida lo volviera a hacer. Mirándose fijamente a los ojos Amadeo promete no volver a hacerlo nunca más, pero Amadeo comenzaba a perder el afecto que tenía hacia su familia, él cruzo los dedos detrás de su espalda mientras veía fríamente a los ojos de su madre y le juraba lo que aquella quería escuchar.

         

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